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Cuando algo sale mal, los primeros minutos consisten en mantener la seguridad, evitar que el problema empeore y llevar a tu mascota al veterinario. Esta guía recoge lo que puede hacer un dueño tranquilo y preparado y, igual de importante, lo que no debe hacer. No sustituye a una visita veterinaria: te ayuda a cubrir el tiempo hasta llegar a ella.
El primer minuto: seguridad y calma
Antes de tocar a tu mascota, comprueba que el entorno es seguro.
Un animal herido puede morder o arañar por miedo o dolor, incluso el más dócil y incluso a la persona que más quiere. Muévete despacio, habla en voz baja y mantén la cara lejos de la boca. Si está agresivo o en pánico, una toalla o manta colocada con suavidad sobre el cuerpo puede calmarlo y protegerte, siempre que no tape la nariz ni dificulte la respiración.
Retira el peligro inmediato si puedes hacerlo con seguridad: desconecta un cable, aparta a otros animales, saca a la mascota del tráfico o del sol. Después llama a tu veterinario o a la clínica de urgencias más cercana mientras actúas. Muchas clínicas te dirán por teléfono qué hacer y se prepararán para tu llegada, lo que ahorra minutos valiosos.
Sospecha de intoxicación
Si crees que tu mascota ha comido algo dañino, como chocolate, uvas, xilitol, medicamentos, veneno para roedores o anticongelante, no esperes a que aparezcan síntomas.
Muchos tóxicos causan daño antes de que se vea ninguna señal. Llama enseguida a un veterinario o a un centro de toxicología veterinaria y ten preparado qué comió, cuánto aproximadamente, cuándo y cuánto pesa tu mascota.
No provoques el vómito a menos que un profesional veterinario te lo indique. Algunas sustancias hacen más daño al volver a salir, y un remedio casero equivocado puede ser peligroso por sí mismo. Guarda el envase, la planta o una foto de lo que comió y llévalo contigo. Nuestras páginas de sustancias recogen las señales de alarma habituales, pero que falte una señal nunca significa que el desenlace sea seguro.
Hemorragias y heridas
Ante una herida que sangra, aplica una presión suave pero firme con un paño limpio o una gasa y mantenla.
Si la sangre empapa el material, añade más encima en lugar de retirar la primera capa, porque levantarla puede romper el coágulo. No uses torniquetes caseros salvo que un profesional te lo indique expresamente, ya que pueden causar daño grave en los tejidos.
Cualquier herida profunda, mordedura, herida cerca del ojo, en el pecho o en el abdomen, o una hemorragia que no disminuye en pocos minutos necesita un veterinario. Las mordeduras parecen pequeñas pero a menudo esconden daño profundo e infección. No apliques cremas, alcohol ni agua oxigenada sobre una herida salvo que tu veterinario lo indique.
Sobrecalentamiento y golpe de calor
Jadeo intenso, babeo, encías rojo brillante o muy pálidas, debilidad, vómitos o colapso con calor pueden indicar un golpe de calor, una urgencia que pone en peligro la vida.
Lleva a tu mascota a la sombra o a una habitación fresca, ofrécele pequeñas cantidades de agua fresca y moja el cuerpo con agua fresca, no helada. Un ventilador ayuda. Ponte en camino al veterinario mientras enfrías, porque el daño puede continuar aunque el animal parezca mejorar.
Las razas de cara plana, como bulldogs, carlinos y gatos persas, tienen un riesgo mucho mayor, igual que cachorros, ancianos, animales con sobrepeso y mascotas encerradas en coches. Nuestra guía sobre calor y frío extremos explica la prevención en detalle.
Convulsiones
Una convulsión es angustiosa de ver, pero tu mascota no percibe el dolor como imaginas.
No acerques las manos a la boca. Aparta muebles y todo lo que pueda causar lesiones, baja la luz y mantén poco ruido. Anota la hora de inicio y fin de la convulsión, porque la duración importa a tu veterinario.
Contacta con un veterinario de inmediato si una convulsión dura más de unos minutos, si se repiten varias seguidas o si es la primera de tu mascota. Aunque pare sola, una primera convulsión requiere revisión. Un vídeo corto grabado con seguridad puede ayudar al veterinario a entender qué ocurrió.
Atragantamiento y problemas para respirar
Rascarse la boca con la pata, arcadas, encías azuladas o muy pálidas o una respiración ruidosa y trabajosa son urgencias.
Si ves claramente un objeto en la boca y puedes sacarlo sin empujarlo más adentro, puedes hacerlo con cuidado, pero nunca metas la mano a ciegas en la garganta. Existen maniobras abdominales para mascotas, pero deben aprenderse en un curso con profesionales; no las improvises.
Ve inmediatamente a un veterinario. Mantén al animal lo más tranquilo e inmóvil posible, porque el estrés y el esfuerzo empeoran la respiración. Las razas de cara plana pueden tener dificultad respiratoria incluso sin obstrucción, así que no esperes a ver si se pasa.
Un botiquín sencillo
Un botiquín pequeño en casa y otro en el coche marca la diferencia.
Son útiles las gasas estériles y una venda autoadhesiva que se pega a sí misma y no al pelo, tijeras de punta roma, un termómetro digital, guantes desechables, suero fisiológico para limpiar ojos o heridas, una toalla o manta, un bozal o tela suave para perros con dolor y una tarjeta con el teléfono de tu veterinario, el de la clínica de urgencias y el peso, las vacunas y las enfermedades de tu mascota.
No guardes medicamentos humanos como parte del botiquín de tu mascota. El paracetamol y el ibuprofeno, por ejemplo, son peligrosos para perros y gatos. Tu veterinario puede decirte si merece la pena guardar algo específico.